LATINAJOS


ALTIUS CITIUS FORTIUS
ANIMULA VAGULA BLANDULA
DELENDA EST CARTHAGO
QUAMDIU STAT COLYSAEUM STAT ET ROMA

ALTIUS CITIUS FORTIUS

Altitus citius fortius
(Más alto, más rápido, más fuerte)

Por una vez, una frase ha pasado a la posteridad sin ser pronunciada por los antiguos. Eso sí, constituye un emocionado homenaje de la modernidad a sus orígenes.

El 7 de marzo de 1891, sobre la base de una inscripción latina, el dominico francés Henry Didon, amigo personal de Pierre de Coubertin, ideó el conocido lema olímpico: Citius altius fortius, que fue establecido oficialmente como tal en el Congreso de París en 1894.

Este lema no se queda en la mera superación física, sino que va más allá, y trata de que el compromiso olímpico sea un germen para la paz y la concordia entre todas las naciones.

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ANIMULA VAGULA BLANDULA

Animula vagula blandula
Hospes comesque corporis
Quae nunc abibis in loca
Pallidula, rigida, nudula
Nec ut soles dabis iocos.

(Alma, vagabunda y amable,
huésped y compañera del cuerpo,
¿dónde vivirás?
En lugares lívidos, severos y desnudos
y jamás volverás a animarme como antes)

Antinoo yacía muerto a los pies de Adriano.
El gran emperador no habría de sobrevivirle muchos años.
Pocos entre los llamados a regir los designios del mundo dejaron a los herederos de su raza tan profunda reflexión sobre el sentido de la vida humana.

Adriano, el viajero (117-138), considerado el padre del existencialismo.

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DELENDA EST CARTHAGO

Ninguna fuente antigua establece exactamente la forma en que pronunciaba realmente la frase, que se escribe en la actualidad de dos formas distintas:

Carthago delenda est,
o la más completa: Ceterum censeo Carthaginem esse delendam.
(Por otra parte opino que Cartago debe ser destruida)

Esta expresión se utiliza para hablar de una idea fija que se persigue sin descanso hasta que es realizada.

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QUAMDIU STAT COLYSAEUM STAT ET ROMA

Quamdiu stat Colysaeum stat et Roma,
quando cadet et Colysaeum cadet et Roma,
quando cadet et Roma cadet et mundus.

(Mientras permanezca el Coliseo, permanecerá Roma,
cuando caiga el Coliseo, caerá Roma,
cuando caiga Roma, caerá el mundo)

El 31 de diciembre de 192 Cómodo es asesinado por sus amigos gladiadores, y comienza el principio del fin de Roma. Mientras el cristianismo repudiaba el Coliseo como símbolo del poder del Imperio, el Senado proclamaba que el trono estaba en venta. Jamás Roma había visto nada igual. El hombre que acabó con la anarquía fue el gran Diocleciano, pero apenas tuvo tiempo de sentar las bases de un precario sistema feudal, nacionalizando industrias y centralizando la economía, antes de que las ordas bárbaras acabaran con los restos de un Imperio gravemente enfermo. Cayó pues, Roma, y el mundo occidental, el progreso, cayó con Roma.

Hasta el Renacimiento (s. XV), el mundo occidental no recuperó el nivel de desarrollo social del que disfrutaba Roma (s. VIII a.C. - 476 d.C.).

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