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- Crítica Literaria -


CÉLINE, AL OTRO LADO DE LA VIDA

Si algo puede afirmarse de Céline, es su condición de hijo predilecto de la crítica (¿cuántos exiliados han puesto nombre al Renaudot?). El resto, más allá de su antisemitismo o sus tendencias nihilistas, es el legado de un hombre en rebeldía. Su estilo radicalmente innovador, a veces intraducible por su afán en reproducir el lenguaje oral, influyó profundamente en la literatura del siglo pasado. Autores como J.P. Sartre, H. Miller o I. Welsh, se confiesan a la sombra de su noche, una sombra que se extiende hasta A. Baricco, reconocido deudor del francés. Acogida en 1932 como un gran acontecimiento literario, la primera novela del doctor Destouches se nos revela hoy como una cruda presentación del ser humano, una mal adjetivada “deslumbrante” obra maestra.

Viaje al fin de la noche es, en última instancia, un insulto. La flecha que lanza Ferdinand atraviesa varios continentes sumidos en la más profunda sima de la miseria: nos encontramos en la primera postguerra mundial. El mundo se ha ido a la mierda y cada cual remueve donde puede para sobrevivir. El concepto de humano se diluye en las tinieblas. La flecha de Ferdinand, o su consciencia autobiográfica através del dinero y del espacio, acaba clavándose en el corazón del lector. Y aquí el insulto: llegados al final de la noche, el lector o se ha rendido o ahora es cómplice, miserable, de la degeneración humana ¿Qué son los trópicos de H. Miller sino sendos viajes al fin de la noche? ¿Por qué C. Bukowski busca su fantasma en Pulp? A medias entre una crónica de sus amantes y amigos, y un relato de supervivientes, el Viaje es una invocación al enrolamiento en lo lúgubre, lo indeseado, el fracaso y la frustración. Al final, de la noche, es donde se encuentra la razón. Para salir de la caverna es necesario conocer primero sus sombras.

Formalmente innovadora, la obra de Céline rechaza las perspectivas, otorgando tanto valor a los individuos como a los lugares, logrando que sus escenarios adquieran a menudo más consistencia que sus propios personajes. El Viaje al fin de la noche es el intento narrativo de explicar un movimiento vital hacia la nada: una novela contenida en un título, una conclusión personalísima que pugna por llegar hasta el lector a través del relato novelado de las vivencias de su autor. Céline nos ofrece en su primera obra el epílogo de un universo literario marcadamente autobiográfico, diseccionando las inquietudes de un Ferdinand atrapado en la búsqueda de un sentido último, del fin del viaje.


0rugonauta, 7 de Mayo de 2008

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